jueves, 6 de marzo de 2014

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de Él mana la vida”


 
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de Él mana la vida”

Proverbios 4:23



Dios te bendiga rica y abundantemente a todos mis lectores.  Ha pasado una semana desde mi último artículo; esto es mucho tiempo. ¿Verdad? Sin embargo, quiero informarles que la experiencia de la semana pasada fue muy hermosa.  Dios ministró de manera especial en las vidas. ¡A Dios sea la gloria!

El tema de esta semana está enfocado en  la importancia  de guardar nuestro corazón. ¿Por qué?  Porque la Biblia dice que de Él (Dios) mana la vida. Primero tenemos  que  definir varios conceptos que encontramos en el Texto que he seleccionado para trazar hoy.

Cuando hablamos de guardar, que significa? --cuidar, vigilar, custodiar; estar alerta, preservar una cosa o persona de cualquier daño, conservar, evitar algo, atender (Diccionario Real Academia Española).  Podríamos decir que cuando guardamos el corazón lo cuidamos de emociones dañinas y contrarias al propósito de Dios.

Ahora, ¿cómo definimos corazón? Cuando la Biblia habla del corazón, se refiere a algo mucho más que un órgano del cuerpo. Tiene que ver con las emociones, los sentimientos, los pensamientos, el raciocinio y la voluntad del hombre. En fin, se refiere a la totalidad del ser interior, quien establece las bases de quien uno verdaderamente es. En otras palabras, el corazón es el centro del intelecto, de las emociones y el centro de la voluntad humana. Veamos

1)    El corazón es el centro del intelecto. Las personas reconocen las cosas en su corazón (Deuteronomio 8:5), meditan en su corazón (Salmo 19:14;  77:6), hablan en su corazón (1ªSamuel 1:13), guardan los dichos de Dios en su corazón (Mr. 2:8), dudan en su corazón (Marcos 11:23), guardan cosas en su corazón (Lucas 2:19), creen en su corazón (Romanos 10:9) y cantan en su corazón (Efesios 5:19). Todas esas gestiones del corazón son de manera esencial que implican la mente.

(2)  También, el corazón es el centro de las emociones. Las Sagradas Escrituras hablan del corazón alegre (Éxodo 4:14; Jeremías 15:16), el corazón amoroso (Deuteronomio 6:5), el corazón desfallecido (Josué 5:1), el corazón alentado (Salmo 27:14), el corazón contrito (Salmo 51:17), el corazón acongojado (Proverbios 12:25; Romanos 9:2), el corazón irritado (Proverbios 19:3), el corazón vivificado (Isaías 57:15), el corazón adolorido (Jeremías 4:19), el corazón afligido (Lamentaciones 2:18), el corazón humilde (Mateo 11:29), el corazón ardiente (Lucas 24:32) y el corazón turbado (Juan 14:1). Todas esas acciones del corazón son principalmente de carácter emocional.

(3) Por último, el corazón es el centro de la voluntad humana. Por eso se encontramos en la Biblia sobre el corazón endurecido que se niega a hacer lo que Dios ordena (Éxodo. 4:21), el corazón que se inclina a aferrarse a Dios (Josué 24:23) y a obedecer sus testimonios (Salmo 119:36), el corazón que procura hacer la voluntad de Dios (1S 2:35), el corazón que se pone a buscar al Señor (1ªCrónicas 22:19), el corazón que decide (2ªCrónicas  6:7), el corazón que desea recibir del Señor (Salmo 21:1-2) y el corazón que anhela hacer algo (Romanos 10:1). Todas esas actividades tienen lugar en la voluntad humana.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de Él mana la vida”

Nuestro corazón, nuestros sentimientos de amor y deseos, dicta en gran manera cómo vivimos, qué hacemos, cómo lo hacemos; a donde vamos, con quién estoy.  Salomón nos dice que tengamos cuidado con nuestros afectos, que nos aseguremos y concentremos en esos deseos que nos mantendrán en el buen camino. Tenemos que asegurarnos de que nuestros afectos lo llevemos hacia la dirección correcta.  Hay que poner límites a nuestros deseos; no vaya detrás de  todo lo que vea. 

Nuestras emociones juegan un papel vital para llevar vidas alegres y saludables.  Todas las emociones; desde el amor al gozo, la ira al temor, juegan una parte importante en la comprensión de nosotros mismos y de otros.  Algunas emociones nos ayudan a descubrir las maravillas de la vida, pero otras nos roban las bendiciones que Dios tiene para nosotros.

Entonces,   ¿De qué debemos guardar nuestro corazón?

1.  De guardar rencores; nos roban nuestros sueños, gastan nuestras energías y nos debilitan a nosotros.

2. De pernoctar amarguras, porque nos quitan el sabor de nuestra vida, nos impiden gozar lo dulce de la vida y de las bendiciones que Dios tiene.

3. De guardar enojos, nos cavan en sepulcros para no ver el sol irradiar cada mañana. Los enojos nos mantienen alejados de Dios y de los demás. Nos sumergen en la soledad.

4. De los celos-- los celos son vientos huracanados que destruyen nuestros anhelos
5. De las envidias--la envidia corrompe y daña el corazón, también no que permite disfrutemos las  bendiciones que Dios te ha dado. La envidia nos nubla la vista.

6. De las contiendas--las contiendas son semillas dañinas que producen solo árboles de frutas venenosos y como consecuencia  nos consumimos nosotros mismos.

7. Del orgullo-- el orgullo es una coraza que cubre el corazón, lo hace insensible, deja de latir y muere.

 Con todo esto, quiero que entiendas, mi amado lector, que  la responsabilidad principal y única de guardar el corazón se te ha delegado a ti, y no a otras personas con propósito  de cada asemejarnos más al caracter de Dios.

¿ Por qué debemos de guardar nuestro corazón? Porque en Jeremías 17:9 no dice que "Nada hay tan engañoso y perverso como el corazón humano. ¿Quién es capaz de comprenderlo?  Y si del corazón mana la vida, que no es otra cosa que la vida de Dios que están en nosotros, debemos de mantenerlos puro, porque Dios es puro; santo, porque Dios es santo.  Cuando Cristo llega a la vida de una persona, es para gobernar su corazón.  Permítele a Dios que gobierne tu corazón. 

Lo que permitas en tu corazón, determinará tus caminos. ¡GUARDALO!
 

 

Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.  Amén.
Hasta la próxima.